Tres años coleccionando certificaciones sin conseguir clientes: qué estaba haciendo mal

Por qué más certificados no significan más trabajo

Roberto Mendoza tiene cuatro certificaciones en nutrición. Nutrición deportiva, nutrición clínica, coaching nutricional, y algo sobre metabolismo que ya ni recuerda bien. Gastó $82,000 pesos en tres años. Clientes conseguidos: cero.

¿Qué estabas pensando?

Que si sabía más que los demás, la gente me contrataría. Vi nutriólogos cobrando $800 pesos por consulta y pensé «necesito saber más que ellos para justificar ese precio». Entonces me inscribía a otro curso cada vez que no conseguía clientes.

El problema real era que no sabía cómo hablar con un cliente potencial sin sonar como libro de texto.

¿Cuándo te diste cuenta del error?

Cuando una prima me pidió ayuda para bajar de peso después de su embarazo. Le expliqué sobre déficit calórico, macronutrientes, índice glucémico. Me miró confundida y contrató a alguien en Instagram que le vendió «menús personalizados» por $500 al mes.

Esa persona tenía un curso de seis semanas. Yo tenía cuatro certificaciones. Ella tenía clientes. Yo no.

¿Qué cambiaste específicamente?

Dejé de buscar más cursos y empecé a ofrecer algo simple: análisis de lo que ya comías más tres ajustes concretos. Nada de planes complicados. Cobraba $400 pesos.

Primeros seis meses como freelance
Mes Clientes Ingreso
Mes 1 2 $800
Mes 2 3 $1,200
Mes 3 5 $2,000
Mes 4 8 $3,200
Mes 5 11 $4,400
Mes 6 14 $5,600

Nada espectacular, pero eran personas reales pagando por mi trabajo.

Tu certificado no vende consultas. Lo que vende es poder explicarle a alguien por qué se siente cansado a las tres de la tarde y qué desayuno específico podría ayudar.

¿Valieron la pena las certificaciones?

El conocimiento sí me sirve, pero pude haber empezado con una sola y aprender el resto trabajando. Gasté dinero que no tenía tratando de sentirme «suficientemente preparado» para empezar.

Lo que realmente necesitaba no era otro diploma. Era hablar con diez personas sobre lo que comían y aprender a escuchar qué les frustraba de su alimentación.

Ahora tengo dieciocho clientes mensuales. Uso como el 40% de lo que estudié. El resto lo aprendí resolviendo problemas reales: qué hacer cuando alguien viaja por trabajo, cómo ajustar un plan si alguien odia cocinar, esas cosas que ningún curso enseña.

¿Quieres formar parte de esta comunidad?

Descubre cómo nuestros seminarios pueden ayudarte a construir tu expertise en nutrición

Contáctanos hoy